CAPÃTULO 36. La Libertad de Conciencia Amenazada Los protestantes consideran hoy al romanismo con más favor que años atrás. En los paÃses donde no predomina y donde los partidarios del papa siguen una polÃtica de conciliación para ganar influjo, se nota una indiferencia creciente respecto a las doctrinas que separan a las iglesias reformadas de la jerarquÃa papal; entre los protestantes está ganando terreno la opinión de que, al fin y al cabo, en los puntos vitales las divergencias no son tan grandes como se suponÃa, y que unas pequeñas concesiones de su parte los pondrÃan en mejor inteligencia con Roma. Tiempo hubo en que los protestantes estimaban altamente la libertad de conciencia adquirida a costa de tantos sacrificios. Enseñaban a sus hijos a tener en aborrecimiento al papado y sostenÃan que tratar de congeniar con Roma equivaldrÃa a traicionar la causa de Dios. Pero ¡cuán diferentes son los sentimientos expresados hoy! Los defensores del papado decla! ran que la iglesia ha sido calumniada, y el mundo protestante se inclina a creerlo. Muchos sostienen que es injusto juzgar a la iglesia de nuestros dÃas por las abominaciones y los absurdos que la caracterizaron cuando dominaba en los siglos de ignorancia y de tinieblas. Tratan de excusar sus horribles crueldades como si fueran resultado de la barbarie de la época, y arguyen que las influencias de la civilización moderna han modificado los sentimientos de ella. ¿Habrán olvidado estas personas las pretensiones de
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